Una ilusión. Un compañero

Cuando tenía cuatro años, y lo recuerdo perfectamente, me encantaba que mi madre me llevara a la juguetería más cercana que teníamos en el barrio. Allí, en el aparador, sentado en una esquina, estaba Jesusín, sin duda el muñeco más bonito que había visto en mi corta vida. Lo quería a toda costa y no podía entender que los Reyes no me lo trajeran, sólo porque costara 995 pesetas.

Mis medias transgresoras

Soy uruguaya, periodista y madre de dos mujeres; hoy tengo 61 años. Mi ruptura de reglas fue hace unos 15 años y tiene que ver con los mandatos y expectativas sociales de este país sureño en el que nací y crecí respecto a la mujer que pasa los 40. Aunque está cambiando, esa edad ha sido siempre un límite invisible que marca qué puede y qué no puede vestir alguien que aspira a no ser tildada de "puta", "vieja reblandecida" o "aspirante a pendeja".

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