Dicen que si el hombre no pudiera soñar por las noches se volvería loco, del mismo modo, si a un niño no se le permite entrar en el mundo de lo imaginario, nunca llegará a asumir la realidad. La necesidad de relatos de un niño es tan fundamental como su necesidad de comida y se manifiesta del mismo modo que el hambre.
-¡Cuéntame un cuento! - dice el niño - ¡Cuéntame un cuento, cuéntame un cuento, papi, por favor!
Entonces el padre se sienta y le narra el cuento a su hijo: Había una vez ...
E incluso cuando el niño ha cerrado los ojos para dormir, la voz de su padre sigue hablando en la oscuridad.
Creo como Paul Auster que contar cuentos, acercar libros a nuestros hijos, es tan importante como asegurar su correcta alimentación. El compartir lecturas cuando son pequeños, o comentarios sobre lo que estamos leyendo nos asegura un espacio de disfrute y de encuentro afectivo.