Los costos ocultos de los problemas sin resolver

Habitualmente en la vida los costos los medimos en dinero o en afectos. ¿Qué precio económico o afectivo estamos dispuestos a pagar por aquello que queremos obtener?

Esto no es algo objetivo, es esencialmente el resultado de una valoración individual, de cuyo balance final cada uno dirá si valió o no la pena.

Afectos y dinero están implicados en las relaciones humanas en general, y cuando se trata de vínculos de pareja se constituyen en dos pilares fundamentales de la relación.

Una pareja es la unión de dos personas que se quieren pero para el Derecho es una sociedad conyugal, una comunidad de bienes.

Quienes se casan además de quererse, ¿ lo hacen sabiendo qué diferencia hay entre capitulación, separación de bienes, o sociedad conyugal?. ¿Cuántas parejas hablan sobre cómo abrirán sus cuentas bancarias, o sobre de qué manera manejarán sus ahorros?

De la experiencia sabemos que a la hora de formar una pareja nos dominan los afectos y a la hora de disolverla entra en escena de una manera ruidosa y habitualmente muy conflictiva el dinero. ¿Qué pasa con la relación entre ambos aspectos? ¿Por qué es tan difícil integrarlos "sanamente"?.

Un aspecto importante en el cruce del dinero y los afectos es la sensación de "contaminación" de los sentimientos por lo material, lo que lleva a una especie de disociación riesgosa y costosa, que en la pareja en la mayor parte de los casos ubica a la mujer en la "administración" de los afectos (sobre todo por el rol de la maternidad) y al hombre en la "administración" del dinero. Esta división es un hecho tan corriente que a la hora de la separación las mujeres generalmente reclaman dinero y los hombres reclaman espacio para relacionarse con sus hijos. Pero entonces qué sucedió, ¿no deberían ser ambos, afectos y dinero, fruto de lo que construyeron juntos y por lo tanto ambos compartidos?. Cuando sobreviene un fracaso en la pareja las pérdidas son inevitables. Todo fracaso en la vida (aunque a veces intentamos desesperadamente evitarlo) tiene la consecuencia de una pérdida. Pero no es fácil asumir la cuota parte de las pérdidas. La experiencia nos muestra que cuando el amor fue dando paso al desamor, a enojos y rencores se intenta que las pérdidas las asuma "el otro". Y nuevamente se hace evidente la relación inadecuada y preexistente entre afectos y dinero, porque cada integrante de la pareja intenta que el otro pague el costo en lo que más le duele.

Así vemos cómo tristemente los hijos y los afectos son colocados en el lugar de una negociación económica, o cómo se intenta cobrar o pagar con dinero dolores afectivos.

Más trágico resulta aún cuando el cálculo de los costos económicos lleva a mantener unidas a las personas, ya no por afectos sino por necesidad. El desconocimiento de los aspectos jurídicos de la situación patrimonial en los vínculos, tiene como consecuencia que al momento de la separación las personas descubren que no tienen los derechos que creían tener. Vemos muchas veces que quienes se separan intentan trasladar el juicio subjetivo al Derecho objetivo, creyendo que podrán encontrar un recurso legal para validar su reclamo, fruto de un balance claramente unilateral y por lo tanto parcial, la mayoría de las veces basado en premisas equivocadas. Estas situaciones generan mayor enojo aún, lo que sumado a la frustración afectiva, se constituyen para los abogados en separaciones largas y litigantes. Es en estas situaciones donde la psicología puede aportar un instrumento útil para que la finalización de los vínculos, sea por negociaciones serenas, justas y por lo tanto menos traumáticas.

Dinero y afectos, afectos y dinero, cada uno con su importancia, cada uno con su claro y justo lugar es la mejor manera de evitar costosos y conflictivos entrecruzamientos. Vivimos una época cambiante, un mundo en crisis, un ser humano cada vez más deshumanizado. Informarnos, prevenir, dialogar, es la mejor forma de crecer. Aprender en momentos de crisis es siempre más "costoso" y más difícil. Por eso estamos abocados a la tarea de pensar antes de actuar y de reflexionar sobre lo actuado para no repetirlo.

Psicoanalista Dra. Gladys Tato

ES.WH.11.2008.0006

¿Has vivido situaciones de este tipo? ¿Cómo se resolvieron? Déjanos tu comentario

Hola, de lo que cuentas parece desprenderse que no os habeis divorciado judicialmente y que no esta muy claro el tema de las visitas ni del reparto de bienes. Si ello es asi quiza sería bueno que pensases en hacerlo, eso clarifica la situación al menos en los papeles, luego en la vida real hay que tenr mucha, mucha paciencia e hilar muy fino con la "otra parte" para evitar que los hijos sean los verdaderos perdedores de la historia. No te duelan prendas en intentar razonar con él para que los vea y en la medida de lo posible facilita a tus hijos la relacion con su padre, cuando pase el tiempo ellos te lo gradeceran aunque eso para nosotras las madres es lo de menos, pero lo mas importante es que tendran padre, no seran como muchos niños "huerfanos" porque sus padres no supieron dejar de lado sus rencillas. Los hijos, nuestros hijos, se merecen tener el cariño y el apoyo de su padre y de su madre esten estos juntos o separados. Como no das mucha mas explicación eso es lo que se me ocurre decirte, que los ayudes a conservar el amor hacia el padre y el del padre hacia ellos, ello siempre y cuando sea posible, Ah en cuanto a los bienes que te correponden lucha por ellos, un abrazo

cuando me casé hace 15 años lo hicimos con toda la ilusión y no reparamos en lo que sucedería si un día se terminaba todo.
el "todo" se terminó hace dos años, o es un decir, porque sigo peleando con mi ex marido no sólo por las cosas que habían en común sino también por el tiempo con los niños, que si un finde contigo, y que este no me toca, y que voy a estar fuera, y así vamos, por no haber tomado otro tipo de medidas,