Se me acabó la paciencia - Por Lola

Yo siempre pensé que era una persona con una gran paciencia, una paciencia infinita. Hasta hoy.

Quién no ha sido adolescente! Rebeldía, autosuficiencia, una agitación constante, una contradicción viviente. Quién no ha escuchado música hasta que le ardieran las orejas; quién no usó “una ayuda memoria” a la hora de un examen escolar….

Yo puedo entender a Manu, con sus diecisiete años, puedo tener paciencia esos días en los que se llena la casa de muchachotes vaciando mi nevera, y aunque me revuelva las tripas, puedo tener paciencia cuando abro la puerta de su cuarto y lo veo como si hubiera habido un bombardeo terrorista. Hasta hoy.

Yo puedo entender que Javier y su esposa Mar están esperando un bebé, y como las cosas no marcharon bien económicamente, momentáneamente están viviendo en casa. Yo puedo entender que no se debe fumar delante de una embarazada, que no es bueno para el bebé y todavía su madre anda por la casa a las arcadas. Se que el cigarrillo tampoco es bueno para mí, y algún día decidiré dejarlo. Ese día no es hoy.

Mi Carol bonita, cree que es el centro del Universo. La Universidad está primero, sus amigas en segundo término, su novio, en tercer lugar, y la familia y la casa…. Bien gracias.
Jamás una colaboración doméstica. Hasta hoy.

Mi santa madre vive en un piso junto al mío. Al menos eso dice en su documento de identidad, pero la verdad es que vive más en el mío que en el suyo. Creo que no se ha dado cuenta que mis hijos han crecido, que yo siempre pude arreglarme bastante bien sola, pero ella decide el menú de cada día. Hasta hoy.

Hoy se me acabó la paciencia. Serena y rotundamente.
Hubo concilio familiar y tomé algunas decisiones. Hubo algunas caras largas, unos ojos sorprendidos y esbozos de quejidos. Pero cuando el cascabelito (o sea yo) se pone seria, endurece la mirada y habla en un tono bajo, hasta las paredes tiemblan.

Hasta que Manu no levante las notas de la escuela y mantenga limpio y ordenado su cuarto, el teclado de su ordenador y los auriculares de su ipod quedan a buen resguardo, donde no los encuentre.
Si Carol quiere que siga pagando sus estudios, va a tener que recordar que tiene una familia y una casa a la que prestar atención, como lo hacemos todos. (Porque hasta Manu hace los mandados, cuando su abuela necesita algo).

El piso de mi madre es tan espacioso como el mío, así que ella, Javier y Mar estuvieron de acuerdo en que la pareja se mudara allí, donde incluso tienen más intimidad, y mi madre elige y dispone el menú solo los fines de semana.

Me di cuenta que lo mío no es paciencia infinita, sino una débil incapacidad para poner los límites. Hasta hoy.

Mas vale tarde, que nunca.

Me encantó... y realmente es cierto, la paciencia no es infinita, debemos aprender a poner los limites para empezar a vivir.
Un beso Lola.

Lola, eres una genia!!