Aunque vivo hace varios años en España, soy
En mi tierra, lo tradicional es que el asado lo hagan los hombres. Yo desde chiquita, cuando observaba a mi padre, pensaba que algún día iba a ser yo quien hiciera el asado para todos.
Al principio fue difícil ir contra la corriente: el hombre es el encargado de encender el fuego, limpiar la parrilla, preparar la carne, salarla y asarla. Y las mujeres, lo más aburrido, “hacer las ensaladas y poner la mesa”.
Creo que a los veintidós años hice mi primer asado. Era genial cuando llegaba algún hombre y se acercaba a la parrilla, no fallaba nunca el “te ayudo en algo?”. “Sí”, les decía, “puedes ir cortando las verduras para la ensalada”. Ni se imaginan la cara que ponían, me acuerdo y me río sola.
Hacer un asado es todo un rito. Es infaltable una copita de vino tinto al lado para acompañar el sabor de la carne
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