"La casa de los sentidos" de Nadeem Aslam

“Estambre y pedernal y pétalo y musgo. En sus canciones, las mujeres afganas no desean a su muerte el Paraíso de Alá, sino convertirse en arroyos y briznas de hierba, la brisa y el polvo. Cantan que tomarían como amante el suelo donde las sepultan.”

Después de Mapa para amantes perdidos, Nadeem Aslam compone en La casa de los sentidos una descarnada visión sobre la historia de Afganistán.

Cerca de la población de Usha, que en afgano significa «Lágrima», Marcus, un médico de origen inglés, lleva una existencia rota en la morada que compartió con su esposa Qatrina. Se trata de la casa de los sentidos, donde cada una de sus habitaciones está dedicada a un sentido distinto, tal como muestran los frescos de las paredes que la llegada al poder del régimen talibán obligó a Marcus a cubrir con fango para evitar que la policía que vela por la decencia en el país ordenase hacer volar el edificio por los aires.

El azar quiere que en este lugar confluyan Lara, una mujer rusa que ha viajado al país en busca de su hermano Benedikt, desaparecido durante la ocupación soviética; David, un antiguo agente de la CIA que en el pasado mantuvo una relación sentimental con Zaamen, hija de Marcus y Qatrina; Casa, un joven afgano miembro de la yihad islámica que sirve a uno de los antiguos caudillos de la zona (ahora convertido en líder de la yihad) y, por último, James Palantine, hijo de un antiguo contacto de David que se ha convertido en miembro de las fuerzas especiales estadounidenses, alguien en quien David teme ver reflejado su antiguo fervor por la causa de Occidente.

Aslam se sirve de estos personajes para mostrarnos los años de conflictos y el daño irreparable que en consecuencia no sólo ha sufrido el país, sino el mundo entero. Todos estos personajes andan en busca de algo, y sus historias, el relato de sus vidas y de las injusticias sufridas e infligidas en Afganistán, se solapan en diversos puntos, y en ellas se nos habla del amor en tiempo de guerra, de la pérdida y el horror del conflicto que parece eterno entre Oriente y Occidente. Los diversos puntos de vista de estos personajes condicionan constantemente la opinión del lector que se enfrenta a la lectura de esta obra intensa. Aslam escribe sin concesiones, no nos oculta nada, más bien todo lo contrario, pues no teme asomarnos al horror, empujarnos hacia él con una escritura que no da tregua y que escapa a cualquier muestra de maniqueísmo. Nos abre la ventana a una guerra constante que en gran medida desconocemos en Occidente, y cuyas causas achaca en ocasiones a unos u otros. Aslam logra que el lector se vea reflejado en la humanidad de los personajes y consigue que lleguemos a la conclusión de que en realidad nadie es inocente.

La novela cobra especial relevancia en un momento en que los Estados Unidos anuncian sus planes para la retirada de Iraq y se hace un llamado a Occidente para reforzar las operaciones en Afganistán.

Con una prosa de gran lirismo y sensualidad, La casa de los sentidos nos revela al monstruo que el hombre lleva dentro, así como los actos de redención que nos hacen humanos, y corrobora aquellas palabras atribuidas al poeta Homero: «El hombre se cansó antes de dormir, amar, cantar y bailar, que de la guerra».